miércoles, 27 de junio de 2012

Él (fragmento 6)

Hoy hace un calor insoportable, anoche no paró de llover, y parece que todo el calor del suelo ha subido para atormentarnos. 
Mi abuela no me ha dado ni la posibilidad de llevar pantalones cortos, dice que no es propio de una señorita. Yo creo que está un poco anticuada. 
Así que subo corriendo las escaleras hacia el desván, recogiendo los bajos de mi vestido para no tropezarme. 
Ahí esta él, esta vez sin su habitual camisa, simplemente con su chaleco y los pantalones arremangados; a mi abuela le daría un infarto si lo viera ahora mismo, diría que no es propio de un señorito como él ir mostrando el pecho, y menos en presencia de una dama. 
Le abrazo y me susurra si estoy preparada. 


Anoche mientras me cambiaba para irme a dormir entró por la ventana de mi habitación. No pude gritarle todo lo que me habría gustado decirle, o simplemente "¡DESCARADO!", ya que si lo hacía mi abuela se presentaría allí en menos de un segundo. Así que me tapé como pude y le miré fijamente, él no quitaba su vista de mi cuerpo desnudo, y como no podía ser menos un zapatazo le despertó de su trance. Se acercó lentamente y me besó en los labios, haciendo que un leve rubor apareciera en mis mejillas. Le aparté seguidamente, y le miré a los ojos, me sonrió, e intentó volver a besarme, pero empezamos un nuevo baile y caminamos en círculos por la habitación, él intentando acercarse a mí, y yo apartándole. Finalmente él quedó apoyado en la ventana, y yo frente a él. Debió de darse cuenta de lo que me proponía hacer, así se se subió al marco de la ventana y quedo acuclillado para poder besarme una última vez, y después le empujé hacia atrás. Me asomé corriendo para ver su caída, pero ya no estaba. 
Antes de cerrar la ventana para irme a dormir se asomó de nuevo con una rosa entre los dientes, seguramente la habría cogido del jardín de mi abuela. Y me dijo que tenía planes para mañana.


-Claro que estoy preparada, pero ¿para qué?
-Tendrás que confiar en mí.
-La última vez no salió demasiado bien, te recuerdo que me dí un buen culetazo.
-Esta vez será diferente.


Mientras hablamos un trueno se escucha en el exterior, y seguidamente comienza una nueva tormenta.
Tomás se acerca a la pequeña ventana redonda que hay y la abre. 


-Tendremos que salir por aquí.
-Salir, ¿cómo? ¿saltando? Estas loco, no pienso salir por ahí. 
-En ese caso no podrás salir, a no ser claro, que estés dispuesta a decirle a tu querida abuela que vas a fugarte durante todo el día con lo que ella llamaría un impresentable.
-Pero, no podré pasar por ahí, el vestido ocupa demasiado.
-Pues quítatelo.
-¿Estás de broma no? ¿No tuviste suficiente anoche?
-Elia, sabes que no hay otra salida.
-Entiendo... y casualmente la única salida es que salga por la ventana de mi casa en camisón, ¿no?
-Veo que lo vas pillando.
-Bien haremos algo, tú bajas, y yo me quito el vestido, después te lo lanzo por la ventana y luego bajo yo.
-Perfecto, el único problema es que nos vamos a mojar.
-¿Y ese es el único problema? 
-Bueno, sí, creo que ese es el único. ¿Quién no ha visto a una joven señorita bajar por la ventana de su casa en camisón alguna vez? Eso no es un problema.
-Creo que cada día odio más tus ideas. 
-Venga vamos, que se nos hace tarde.


Tom salta por la ventana, y yo me asomo para ver la altura. De repente empiezo a arrepentirme de haber aceptado saltar. Me quito corriendo el vestido y lo lanzo por la ventana.


-¿Lo tienes?
-Sí, venga salta que yo te cojo.


Creo que la mejor manera de saltar es no mirar abajo, pero la ventana es demasiado pequeña, solo hay dos opciones o tirarte de cabeza, algo que veo bastante arriesgado y descartado, o meter primero los pies y dejarme caer.


-Tom, voy a saltar, como se te ocurra mirar te mato, ¿me has odio?
-Sí Elia, tranquila que no miro, pero salta ya.


Cojo aire, cierro los ojos, meto los pies por la ventana y me dejo caer. El fuerte impacto contra los brazos de Tom em hace abrir los ojos. 


-Dame el vestido, tengo que ponérmelo. ¿No has mirado verdad?
-Elia... si no miraba, no habría podido cogerte.
-¡Tom eres un embustero!
-De nada por haberte salvado de un fuerte impacto contra el suelo querida. Venga vamonos.


Me coge la mano y salimos corriendo de nuestro refugio, empapándonos por esa fuerte lluvia que cae. Es la primera vez desde que estoy aquí que me siento... LIBRE.