Paseo tranquilamente por los largos pasillos de la gran mansión de mis abuelos; desde que mi padre se fue, he estado viviendo aquí.
Todo el mundo finge aparentar que me envidia por vivir aquí, pero en realidad se que les da pena mi situación; ya que aun que la casa sea enorme, no es precisamente acogedora. Hay telarañas y polvo por todos lados, porque ningún sirviente ha durado aquí más de una semana; la única que ha aguantado es Amelia, una vieja gata que se encarga cruelmente de deshacerse de los ratones.
El desván es mi lugar favorito; hay un montón de artilugios antiguos y vestidos. Suelo pasarme allí el día, intentando no enterarme de lo que pasa a mi alrededor.
Cuando subo las escaleras y abro la puerta le veo ahí sentado, con su gran sonrisa picaresca y se al instante que hoy será un día mejor.
-Veo que tu mala costumbre de colarte en casa ajenas, se esta convirtiendo en una tradición.-
-Es una tradición desde que descubrí que tú te encontrabas entre estas cuatro paredes.- Él, siempre con su propósito de hacer que me sonroje.
-No deberías decir este tipo de cosas, porque luego las chicas de por aquí se entusiasman.-Era el momento adecuado para darme la vuelta y salvar mi orgullo, sin que él se diera cuenta de que había conseguido sonrojarme;sin embargo no puede hacerlo- ¡y cuando se dan cuenta de que eres un imbécil orgulloso y que para ti tan solo es un juego se desilusionan!Y si yo fuera tú, no me gustaría tener a ninguna loca depresiva detrás de mi, que se muere por tocar mis labios.-
-En el fondo me gusta la idea...-
-Eres un idiota engreído...-
-Lo sé, pero ese es el motivo por el que te gusto tanto- Desconcertante, me ha dejado sin palabras... deberías reaccionar o se dará cuenta de lo que siento.
-Creo que... ¡Ya voy abuela! Lo siento me llaman he de irme, ya nos veremos.-
Voy corriendo hacia la puerta y cierro de golpe, bajo corriendo los peldaños y cuando llego al final me doy cuenta del ridículo que acabo de hacer, se que es una bobada pero me da la sensación de que sentarse para arrepentirse es lo mejor que puedo hacer. Y de repente la frase adecuada aparece en mi cabeza, me levanto y subo corriendo las escaleras, abro la puerta de tal forma que me hago hasta daño y cuando abro la boca...
-Pues que sepas que...- Ya no está.
En vez del chico risueño que hace un instante se encontraba sentado en la vieja silla de mi abuelo, encuentro el vacio.
Me acerco para tocar la aterciopelada superficie y me fijo en la mesa, y sobre esa capa de polvo hay algo escrito...
La expresión de mi cara ha cambiado tan bruscamente que podría tratarse de un infarto, me dirijo con paso firme hacia la puerta, haciendo mucho ruido y me voy.
"Nos vemos pronto loca depresiva... :)" La frase se repite constantemente en mi cabeza, y cuando estoy segura de que nadie me ve... no puedo reprimir una sonrisa de oreja a oreja.
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