Y entre toda esa gente que corre, esas personas que están huyendo, que escapan de la lluvia y evitan llegar empapados a casa, siempre, siempre hay alguien a quien parece no afectarle, camina tranquilo, sin prisa y cabizbajo, mueve sus pies ligeramente, lo suficiente para continuar andando, pero no corre, no se seca la cara... tan solo se mete las manos en los bolsillos y sigue caminando.
Te da por por pensar que quizás haya tenido un día de mierda, y que ya nada la importa, que sus problemas son tan enormes que la lluvia tan solo es algo secundario. Pero de pronto ves que levanta la cabeza mira al cielo, se para en medio de la carretera y sonríe, en ese momento te das cuenta de que no, que no ha tenido un mal día, que sus problemas son lo secundario, y que sus alegrías están tan latentes que ni siquiera le molesta la lluvia. Mira al frente y se ríe, ¿en qué estará pensando? ¿En alguien? ¿En algo? Quizás no piense en nada, tan solo esté feliz...
Y de repente esa persona que creíamos que tenía un millón de problemas, que estaba triste y empapado por la lluvia, se convierte en nuestra sonrisa del día, y nos damos cuenta de lo diferentes que pueden llegar a ser las cosas.
Así que mírate, y si solo te ves los pies mojados, cierra los ojos y sonríele al cielo, ríete de la lluvia, de tus problemas, de todo... y date cuenta de que eres feliz... y no que eres feliz por nada, ni por nadie... todo esto, lo estas haciendo por ti. Y esa persona eres tú, eres tú a quien estoy viendo, cabizbajo, y tranquilo, así que demuéstrale al mundo de qué esta hecha tu sonrisa, y cámbiale el día a alguien.
Aprovecha todas y cada una de tus oportunidades. Y ante todo no te rindas nunca.
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